El turismo se ha convertido en muy pocas décadas en una de las actividades más importantes de la economía mundial. Según el World Travel and Tourism Council (WTTC) el turismo representa el 10% del PIB mundial, el 10% del empleo global y el 6,6% de las exportaciones. Según la Organización Mundial del Turismo (OMT), en 1950 se realizaron 25 millones viajes internacionales y en 2016, 1.235 millones. Se calcula que los viajes internos multiplican por 10 esta cifra. Estos datos reflejan otra de las características de la actividad turística: su dinamismo, ya que no ha dejado de crecer, salvando las situaciones de crisis de la economía mundial mucho mejor que otros sectores productivos.

Este peso del turismo en la economía mundial conlleva una responsabilidad de todos los actores de la actividad turística: instituciones, industria y viajeros. De ahí que en el marco de las Naciones Unidas se haya definido el concepto de sostenibilidad del turismo, que abarca tres aspectos, el económico, el sociocultural y el medioambiental, que se integran en el Programa Objetivos de Desarrollo para el Milenio.

La responsabilidad mayor de un destino turístico, y de las instituciones que lo gestionan, en relación con los viajeros que lo visitan es asegurar su bienestar, y en primer término su seguridad. La seguridad se ha convertido en el factor decisivo en el proceso de selección de un destino turístico, sea en un viaje de vacaciones o en el turismo de reuniones, para asistir a un congreso, una convención o una feria.

El desarrollo de la industria turística hubiera sido imposible sin la existencia del aseguramiento.

La seguridad es un concepto amplio, que abarca no solamente la seguridad ciudadana, sino también la existencia de instrumentos y procedimientos para hacer frente a cualquier incidente que se pueda producir durante el viaje: salud, accidente, deficiente funcionamiento de los servicios contratados, etc. Las instituciones son responsables de las infraestructuras y de los servicios públicos que ha de utilizar el viajero. Asimismo, han de velar por la defensa de los derechos del consumidor. Esta labor se está llevando a cabo no solamente a nivel nacional, sino, en nuestro caso, en el ámbito europeo a través de Directivas que han de incorporarse a la normativa interna de los países miembros de la Unión Europea.

La responsabilidad alcanza igualmente a los proveedores de servicios turísticos, a la industria, con respecto a sus clientes, a los que han de proporcionar los servicios comprometidos y hacer frente a las incidencias que pudieran surgir disponiendo de medios alternativos.

Finalmente, al propio viajero le corresponde una doble responsabilidad: frente al destino, manteniendo una conducta de acuerdo con los criterios de sostenibilidad, y respecto a sí mismo, adoptando las medidas que lo cubran del riesgo que todo viaje y la estancia en un lugar que no es el de origen entraña.

La industria turística ha sabido responder a esta necesidad del viajero, creando una potente actividad de aseguramiento del riesgo, que permite al turista cubrir las eventualidades que pudieran surgir durante su desplazamiento y su estancia. Esta actividad de aseguramiento ha alcanzo un alto grado de sofisticación, capaz de adaptarse a las condiciones diversas del viaje, a las peculiaridades de los destinos elegidos, a las características personales del viajero y a las motivaciones del viaje.

Hoy en día la actividad de aseguramiento del viajero constituye una parte sustancial de la industria turística, cuyo desarrollo hubiera sido imposible sin la existencia del aseguramiento, y el viaje sería impensable sin la asistencia y protección que el seguro de viaje ofrece.

 

>> Artículo incluido en el informe “Uso del seguro de viaje en España”, de Fundación InterMundial